domingo, 19 de octubre de 2014

DECLARACIÓN DE DESAMOR 9.999

I. Érase diez mil veces la historia de una piedra con nombre. 
Érase una historia con diez mil finales, y en cada uno tropezaba con un pie diferente.
Érase mi nombre diez mil veces en cada una de tus piedras, maldiciendo la torpeza de tus pies izquierdos. 
Érase una historia de dos kamikazes sin ganas de sacar la pistola a la cuenta de tres. 
Pero contamos: 1, 2, 3... Y volvimos a ser la piedra y el caminante. 
                        Y retrocedimos diez mil principios.

II. Hay demasiados pies sin rumbo y corazones enterrados, pero ningún pirata dispuesto a descubrir tales tesoros. 

                        Es ésta una razón que vale por diez mil.

III. Nos faltaba un final que no fuese infeliz, ni siquiera feliz, sólo un final, a secas. 

Como las plantas que no dejamos crecer, entorpeciendo el curso de la primavera. 
Como todas las veces que no fuimos conscientes de que un paso adelante y otro hacia atrás no hacen camino, sólo huellas. 
Como la piedra, diez mil veces en cada pasillo, cada camino, cada paso de cebra.

                        Y en el último de los finales un cruce de miradas entre tu pecho desgarrado y mis ojeras expertas de quien ha presenciado más besos que un semáforo en rojo.


IV. Y diez mil veces te lo pido, y diez mil veces te lo ruego: sé tu propio alto en el camino y no vuelvas a tropezarme. 

                        Una piedra como yo no se la deseo a nadie.

-Maria Vidal/Un reno cualquiera

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