lunes, 1 de septiembre de 2014

CUALQUIER TIEMPO PASADO NUNCA FUE MEJOR

De cuando era de alguien, o más bien, con alguien, sólo consigo recordar una colección de princesas muertas en el armario, una orden de alejamiento contra ese sol de mediodía que descorre las cortinas con descaro y lo intenta, y lo intenta con mis párpados, y una resaca de otra vida que se quedó en el cajón de las bragas.
La sensación de comerme el mundo en un estado deplorable, y llover mi peso en lágrimas para darle sabor a la misma mierda insípida de siempre. Colorear las paredes con acuarelas, dejarme el balcón abierto y que una ráfaga de aire acaricie lo plasmado en escala de grises. Rasparme las rodillas después de caer conscientemente al suelo y arrastrar el alma hasta el espejismo más cercano.
Que me alcance la tormenta y me encuentre sin paraguas, con el corazón en la mano y poco tiempo y ganas de secarlo, por empapado que quede. Plomo en los pies y en las pestañas y un hilo que pende de mi cabeza y me cuelga boca abajo, como si el titiritero se riese del propio chiste que supuso escoger vivir al revés.
Ya no puedes castigarme por colgarme de la lámpara y reír tan alto como me lo permiten los pulmones. Nunca entendiste que no se debe dejar para mañana lo que tuviste que hacer el primer día de tu vida fuera de la jaula. Pero es tarde y esta vez no hay reloj que te salve.
Estaba destinada a no ser de nadie. Soy mía desde que me pinto la cara con acuarelas, pero cierro el balcón antes.

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